jueves, 7 de febrero de 2013

SUEÑO MODERNISTA.






Dulce sombra del jardín sensitivo

que destila el aroma de las flores

abiertas y sus pétalos derrama,

alfombrando a su paso la vereda

escondida del umbral misterioso.



Mustias rosas de los fúnebres labios

que el rostro amado teñís de violeta

y abandonáis, bajo los cinamomos,

el cuerpo que el arcángel reclamase

a su lado con anhelo insistente.

                                                                                                    

Iris glorioso que en el firmamento,

desplegando tus señeros colores,

asombras las pupilas que contemplan

el milagro de las formas rendidas

ante los dedos locos y los brazos.



Fúlgidos miembros que enlazados rinden

su tributo al alba entre ígneas ascuas                            

donde en vano consumen, si voraces,

el licor de los labios y las bocas, 

aún sedientas sobre la piel esquiva.



Cede el día su alcazaba soberbia                                              

a las sombras vencidas, y las llaves                                                           

del reino a la ninfa que aguarda

sobre un lecho de rosas, cuyo aroma 

expandiese su fulgor deslumbrante.


                   José Antonio Sáez. 





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