No
necesariamente ha de cumplirse eso de “Quien no está conmigo está contra mí”,
ni tampoco ha de levantarse un muro para evitar al contrario y negar su
existencia. Porque quien así procede está provocando el enfrentamiento y la
división, la crispación, el rencor y el odio, sujeto como está a una situación
de cambio o alternancia en su ubicación predominante. Mejor afirmar que quienes
son capaces de acordar y quienes cooperan juntos son más fuertes y
capaces de alcanzar cimas de paz y progreso superiores para quienes en ellos han depositado su confianza.
Ay de
quienes dividen a los pueblos y los conducen hacia el enfrentamiento
fratricida, fomentando el odio entre hermanos. Ay, de los incapacitados por el
rencor, porque él los convierte en líderes inservibles para afrontar el futuro,
que ha de ser de paz y de perdón, de superación y de fortaleza en la unión por
alcanzar unos objetivos comunes que beneficien a todos. No hay lugar para la
revancha en los pueblos llamados a significar algo en el orden mundial. Los
bloques están llamados al enfrentamiento y lo que fomenta el desarrollo de los
pueblos es la cooperación mutua que enriquece a las partes de forma compensatoria
o igualitaria. Y ay de quienes se consideran predestinados o elegidos de por
vida para guiar a los pueblos hacia el futuro, porque se invistieron a sí
mismos de tal condición y se incapacitaron para tener en cuenta las
aportaciones de los demás, permaneciendo adheridos al sillón del regente
considerándolo propio.
El buen gobierno exige soluciones a los problemas del presente, pero también ha de proyectarse sobre el futuro pensando en las nuevas generaciones que han de llegar y habrán de heredar el mundo dejado por las anteriores.
José Antonio Sáez
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