sábado, 18 de abril de 2026

NUEVOS NAUFRAGIOS.

 




Cuando entendió que había iniciado el tramo final de la partida, pidió a la vida que le permitiese vivir con la esperanza de acabar sus días junto a aquellos que lo arroparon con su afecto y, a ser posible, que ellos mismos cerraran la pesada cortina de sus párpados para que no pareciese que hubiera deseado continuar mirando el mundo. En realidad, éste había dejado de interesarle hacía bastante tiempo, cuando comprendió que le traía sin cuidado un ser humano más o menos inútil. Apenas en su memoria retenía cuanto de sí había ido entregando a lo largo de su vida y se le antojaba, una vez pasado que, aunque en su momento el devenir se le hacía muy cuesta arriba, al presente no guardaba más que un lejano dolor que le punzaba en ocasiones como algo que vaga entre la niebla y solo, si te tocas o te tocan, duele. “La vida es un dolor”, dejó escrito el poeta, mas no hay mal que cien años dure ni dolor que se prolongue por tanto tiempo. La memoria tiende al sueño y el sueño de la memoria bien pudiera ser el olvido. Niebla al olvido. Ese estar y sentirse cansado, tan cansado que no se tienen ganas ni de pensar e incluso desecharlo, pues hasta eso desgasta la menguada energía que aún resta en la memoria. Era algo parecido a dejarse llevar plácidamente por manos expertas o por el fluido de las aguas que buscan espaciosamente el mar en la desembocadura o en el estuario del río. Entregarse. Abandonarse. Rendir las armas. Darse por vencido y reconocerlo. Estar exhausto. Y cerrar los ojos.




Cuando ya las fuerzas lo habían abandonado y ya no había lugar para él ni en la casa ni en las aceras, pues era una carga para sus semejantes y deseaba aliviarlos de esa carga que él mismo suponía y sentía que era, totalmente dependiente de la bondad, la obligación moral o la profesionalidad ajena se dispuso a aceptar que su tránsito habría de estar cerca.




Mientras el mundo gira y la vida sigue, el ciclo existencial de alguien se ha detenido. Un continuo naufragio la vida, del que quizás salgas a flote y, con suerte, seas avistado por alguna barcaza que erraba por los mares. Todo ser humano viene a este mundo a cumplir una misión, que está enfocada siempre hacia los demás. Somos imperativamente solidarios, lo queramos o no. O nos salvamos todos o nos hundimos todos.

 

                                        José Antonio Sáez Fernández.


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