viernes, 30 de enero de 2026

"EN PIE, CON EL PUÑO EN ALTO"

 




Tú no estás dispuesto a enterrar el hacha de guerra. El rencor, la desconfianza y la ceguera te han llevado a encerrarte en ti mismo y en tus posiciones. La intransigencia se ha apoderado de ti y eres el inamovible. Prefieres la hecatombe antes que ceder un ápice en tus ideas. Eres demasiado arrogante, demasiado orgulloso y hasta soberbio. Tus enemigos no son los otros: eres tú mismo quien se ha cerrado a dar pasos de entendimiento hacia la opinión divergente. Has cavado una trinchera, has levantado un muro, has colocado alambre de espino y cristales rotos en lo alto del muro, has minado cualquier punto de acercamiento, has quemado las naves para hacer imposible cualquier tipo de regreso a la concordia. No tienes interlocutores porque te has negado al diálogo y has decido romper la baraja, sin ser consciente de que, con ello, negabas un futuro de paz y esperanza para tus descendientes.




El rencor es la antesala del odio y el odio oculta las garras incontrolables del desenfreno y la locura. Si es colectivo, lleva a la catástrofe. La crispación es la antesala del rencor y predispone tanto al mismo rencor como al odio, y el odio pudre los corazones de los seres humanos arrancando de ellos lo único bueno y de valor que poseen: la solidaridad, el hermanamiento, la justicia, la paz y todo aquello que es imprescindible para el desarrollo de los pueblos y la preservación de la vida. No dejarás que el otro se vaya de rositas, te las ha de pagar muy caro: “La venganza es de los fuertes -te dices-, y de los valientes”. La razón de la sinrazón y el ofuscamiento. La torpeza suprema. Inquebrantable e incólume, has puesto todas tus capacidades al servicio de la crispación y el enfrentamiento. Y has colocado a la sociedad, con los de tu cuerda, al borde del caos.

 

                                    José Antonio Sáez Fernández




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